domingo, 2 de noviembre de 2014

Del pregón de semana santa de 1944


Por un embrujo de tradición, o mejor por un milagro de fe, el tiempo, ese «ente  de  razón,  que llaman los filósofos, adquiere  plasticidad palpitante, cuando un  pueblo sugestionado por una gran efemérides del año, toma entre sus dedos el calendario, no como un fichero frío de esquelas  mortuorias  de  días  que  fenecieron o de  promesas de fechas por amanecer, sino como  un  remolino de ilusiones que llama a una fecha  desde  el  fondo de la nada al plano de  la actualidad.
Es un derecho de los pueblos a contar sus días a partir  del  orgullo de un suceso de  su  vida. Para Marchena, esa ufanía de  efemérides  es  su  Semana  Santa,  punto de referencia de todos  sus  acontecimientos grandes y pequeños del año.
Aún  están calientes los cirios apagados de sus procesiones  y  frescos   los  claveles  de  los  pasos,  cuando ya empiezan a dibujarse en el ambiente de las capillas los proyectos y reformas, y a pulular las preocupaciones para la Semana Santa venidera. Y  en  este  pueblo racialmente pasionario se da el anacronismo pintoresco de afanarse los cofrades bajo los rayos de Agosto o los farolillos de la feria, o entre los belenes de Navidad, por prevenir las mejoras de sus cofradías. Unos traen y llevan las hebras de oro como piadosas arañas para tejer los palios y mantos de sus Vírgenes, otros  cincelan la caoba y la plata para sus pasos, como salomones artífices  de  las arcas de la alianza de sus fervores y no faltan quienes, abejas solícitas, se preocupan con tiempo, de la cera para  que  no falte a su Hermandad. Y toda esta actividad..,   en  chitón  y de puntillas, porque pudiera  la  otra  cofradía  pisar  la originalidad, la reforma o el estreno.
Pero la aurora de la gran  «fecha» que en el lenguaje litúrgico de la Iglesia  se  llama  Cuaresma, empieza a despuntar con el grisáceo Miércoles de Ceniza, entre palideces de penitencia y como no hay amaneceres sin cantos a tono con  cada  clima,  brota  ese cantar  gregoriano  y  plegaria Jonda»  que es la saeta  marchenera por obra y gracia del pueblo. Diríase que  esta  saeta es una paradoja hecha con quejidos de  penitencia  y  aleluyas de resurrección porque los mismo florece en la garganta seca del gañán que trabaja en la besana como se modula en el paladear de un trago de manzanilla; ya es chispa que en el silencio de la alta noche salta de esos hogares de cofradía, que  en Marchena se llaman «reuniones• cuaresmales domingueras, ya dardo disparado con aire y gallardía de rondalla junto a los hierros de una ventana tras la cual duerme la mocita indiferente a los otros flechazos de Cupido.
¡Saeta marchenera!: nostalgia de aquellos marcheneros que en estos días suspiran  y lloran sobre los ríos de Babilonia del alejamiento de su patria chica. ¡Saeta marchenera! contrición sobre  los  labios  moribundos  de los que no saben  rezar  de otra  manera, y arrullo  de los que duermen  el sueño  de la muerte  a la sombra   del  escudo  de su cofradía en los panteones  de  las  hermandades,  y canto  marchenero de beatitud  en la  visión apocalíptica   de  los que  cantan su himno  perpetuo ante el trono  del Cordero Divino. ¡Saeta marchenera!   Encarnación  del espíritu  de creencia  en carne de  <<solear», aire de folklore e himno de raza de un pueblo, que  tiene historia  propia.
...Y   llegó   Miércoles   Santo.   Todo   está  preparado, hasta esa comida  de  rito  que   nunca faltó en  los solemnes banquetes del espíritu.  Las túnicas han salido de los viejos arcones ungidos por los holandines de varias generaciones, relicarios de recuerdos, soleras de tradición; ya están planchadas y secada con ellas quizás, alguna  lágrima que  cayera de la madre, de la esposa o de la novia. A los últimos  martillazos del  montaje de los pasos. impone  silencio al atardecer el volteo  de la campana  <<  cala»,  encaje de bronce musical, que  volteó  hasta la torre,  escapado del tallado del coro y del retablo  de la catedralicia iglesia de San Juan. El gran preludio    va  a  comenzar   con  el  <<Miserere» de   Eslava: sobre  las cuerdas  de los violines  se  sienten  caer las lágrimas del viejo  penitente   David,   los  metales   enronquecen por  los sollozos del  aliento  contrito    y  en trémolos  suben hasta la garganta  de los cantores  los temblores  del «malum coram  te  feci" ...
Marchena  se concentra  ante  las escalinatas del presbiterio  para  sentir  en católico  ante  las  rodillas de la Madre Iglesia en su dolor.

La Semana  Santa  ya está en la calle: las mantillas negras se cruzan  con los cascos de los soldados  romanos,  los lábaros  de la legión con los estandartes  de las cofradías,  las filas de  penitentes  silenciosos  bajo  los  golpes  del régimen de mando en visita de monumentos, con las marciales formaciones de los romanos,  bajo tambores  y cornetas,  en plan de callejeo, con   el  correspondiente cortejo   de   chiquillos.
Y  vamos  aprisa  que el Dulce Nombre, en su piña de oro, imagen del Niño de Dios con  Cruz a cuesta, original concepción  de este  pueblo  y sublime precocidad  pasionaria ya ha  dado sus melenas  al  viento  f n el cancel de San Sebastián. ¡Cuidado, Niño  Divino,  que  un  piquete  de romanos te espera  tras la esquina   para   prenderte! Ahora  a la Capilla,  que  el Cristo   de  la  Veracruz   con   la inspiración y pátina  de  nuestros  imagineros  de gran  estilo, está ya en la calle; y enseguida a Santa  Clara,  que  la Virgen   <<señorita»  la de la distinción del dolor...  la Virgen  de los Dolores cruza  entre  los  naranjos  del   patio  del Convento envuelta en  un ambiente  de azahares, dejando atrás  el incienso  de la oración de sus monjas. <<¡Qué lástima que  tampoco  este año hayan  matado  al  «macaco» que  va barrenando  la Cruz  del Hijo", dice un comentario  de chiquillo.  Después,  una Virgen  morena,  tras   el  sevillanísimo  Cristo   de la Veracruz, verde  y blanco, esperanza  y pureza,  con  presencia  señorial
en el donaire  de sus túnicas y saetas  estilizadas en  (seguiriya).
! Amanecer de  Viernes  Santo!  Bajo  la  amarillez  del alba y el revoletear  de golondrinas,   entre   los rostros  pálidos  por la madrugada  o el escalofrío de la emoción,  Nuestro  Padre  Jesús sale de su Templo   <<El  amo de las cargas, como le dice el pueblo. Diríase  que  camina sobre los circunstantes  pisando  corazones   con  aires de saetas hasta llegar a la gran  plaza, donde  se celebra  el típico  «Mandato» drama  de nuestra  más  pura  cepa  sagrada. Sin fin su recorrido  de calles, sin fin sus  filas de piadosas mujeres que  le siguen;  la consigna en todos  los labios a través de la carrera  «¡Nuestro  Padre  Jesús Nazareno».
Y ahora el más fuerte   contraste  de cofradía:  Santísimo Cristo,  de San Pedro,  imagen  que parece arrancada  de un templo  románico  medieeval   con   silueta  de  «cubismo»
a fuerza  de antigüedad;  más tarde  la Virgen  gitana,  la Soledad,  «La  .Mayeta•   guapa,  la   «cernicalera»  en el argot marchenero.  La saeta le  dio  nombre:
Tú  no  fueras  marchenera si en la noche de  Pasión, Marchena  no te dijera
en un  piropo  oración ¡Gitana   y  «cernicalera»
La Iglesia se reviste de «resurrección >>    y todavía este pueblo  no se resigna a dar por terminada  su Semana Santa y así, en la  mañana  gloriosa   del Domingo  de Pascua,  los pasos  encendidos   en  los  templos   y   las  saetas  postreras son   las  llamaradas   más  intensas   del  crepúsculo    de   la gran  «fecha,..

Marchena  está orgullosa; pero  también librada. Cuando  el  «ángel exterminador» de algún  castigo  del Cielo pasó su espada de sangre por tantos  pueblos,  Marchena fue respetada ¿Por qué...? porque sobre las puertas de sus hogares  el dedo  de Dios grabó  la contraseña  de las misericordias,  escrita  con la sangre de sus Cristos  y las lágrimas de sus Vírgenes.

El semblante de nuestra semana Santa

Poder que Semana Santa tiene en Marchena, mi pueblo. Fe de padres; fe de abuelos, tradición que no quebranta y a su influjo nos debemos; que aunque no practiquemos rituales religiosos... todos somos fervorosos, ante Cristo Nazareno.
Permitidme que destaque algo que caracteriza: y es, que Marchena analiza las hojas del. Calendario  para saber cuanto antes la fecha del Domingo de Ramos;  y a su espera entre tanto los proyectos van girando...  y que cuando se está acercando haya popular pugilato:
Afluencias en peluquerías de caballeros o señoras; para vestir a la  moda: confección o sastrería. Pero cuando ya los días se acercan inminentes... es la visión sorprendente para quien de fuera llega: de un pueblo que se entrega a limpieza, febrilmente.
Y son múltiples quehaceres: limpiar tejados de hierbas, sinfonía de escaleras... pinturas, brochas, pinceles, encalado de las paredes aunque en interior se halle; las fachadas y sus detalles en toda la poblaci6n... jQue el Señor en su Pasi6n sale a visitar sus calles!
Pueblo con contraste fuerte de raigambre campesina; hay hombres que por rutina blasfeman inconscientemente. Pero si les coge ausente... la lejanía es un grillo que aprisiona sus tobillos; por tanto le impide ese día contemplar su cofradía por los cantillos.
 Se hace espejismo su afán _porque inminente imagina al cortejo que canina por calle San Sebastián. En el  interior de su pecho sonarán los tambores y cornetas; tensa ernocion le aprieta con un nudo en la garganta...y por "su" Semana Santa... entonará una saeta!