El presente de una Hermandad se mira en el espejo de su historia.
Historia llena de avatares que va formando la mentalidad, vida e ilusiones de sus hermanos
Hoy, en este artículo, nos asomamos a la divulgación del pasado, dando a conocer aspectos sobre la vida religiosa de Marchena a finales del siglo XVI, y concretamente, el Pleito que en el año 1593 enfrentó al prior y convento de San Pedro Mártir con la Cofradía del Nombre de Jesús.
Documentos que a través de su expediente nos revela información sobre el desarrollo histórico de la
Hermandad del Dulce Nombre, así como las peculiaridades y aspectos fundamentales de esta asociación laica de fieles y organización interna.
Hoy, en este artículo, nos asomamos a la divulgación del pasado, dando a conocer aspectos sobre la vida religiosa de Marchena a finales del siglo XVI, y concretamente, el Pleito que en el año 1593 enfrentó al prior y convento de San Pedro Mártir con la Cofradía del Nombre de Jesús.
Documentos que a través de su expediente nos revela información sobre el desarrollo histórico de la
Hermandad del Dulce Nombre, así como las peculiaridades y aspectos fundamentales de esta asociación laica de fieles y organización interna.
Documentos custodiados en el Archivo General del Arzobispado de Sevilla que nos dan hasta ahora las noticias más exactas de la fundación de la Hermandad.
El contencioso que enfrentó al convento de San Pedro Mártir de la Orden de Santo Domingo y a la Cofradía del Nombre de Jesús surgió en mayo de 1593, cuando siendo prior del convento fray Martín González, pretenden que la Cofradía del Nombre de Jesús establecida en la iglesia de San Sebastián se traslade al convento de Santo Domingo.
Los argumentos esgrimidos por la comunidad de frailes era que el origen y el principio de las cofradías del Nombre de Jesús, sus privilegios y gracias fueron cedidos y dados mediante la Orden del Señor Santo Domingo y por su contemplación para que dichas cofradías estén sitas y fundadas en los conventos de la Orden, para no perjudicar a lo dispuesto por la Bula de Su Santidad Pío V.
Las relaciones entre ambas partes estaban deterioradas y arrastraban ya diferencias. Como dato curioso al respecto,
Señalamos que en la Cuaresma de ese mismo año de 1593 estando los hermanos del Nombre de Jesús en Cabildo en la sacristía de la iglesia de San Sebastián, fueron allí algunos frailes dominicos a leer las gracias e indulgencias que ganarían si se mudaban al convento. En este incidente ambas partes se levantaron la voz. De la sacristía salieron los frailes mal parados y les dijeron cosas como estas:
“ a qué viene aquí un frailecillo con un librillo en la mano “, “ vayanse bellacos e infames a su casa “, “qué quieren estos burladores, piensan movernos destotra parte del cielo con sus persuasiones “
Leyendo este pleito se observa cierta rivalidad de los frailes con el clero secular, muchos de los cuales formaban parte de la Hermandad del Nombre de Jesús.
Creo por tanto, que el intento de que radique la cofradía en el convento era no sólo para las gracias y
privilegios, sino para reservar el derecho de predicación y celebración de cultos con las consecuentes prestaciones económicas.
Los testigos que aportan cada parte en sus diversas declaraciones nos aclaran algo más de los orígenes de la Hermandad y nos facilitan rica información sobre la fundación y primeros años de andadura de la Cofradía.
Podemos observar que en 1593 la Hermandad tenía una estructura suficientemente consolidada, y un
número importante de hermanos que se sienten depositarios de la memoria histórica de la misma, y desde luego, orgullosos de pertenecer a la corporación.
Este pleito es un documento importante de la Hermandad porque constituye una fuente de su historia.Gracias al pleito sabemos que a esta Cofradía se la conocía popularmente como Cofradía de los niños del Nombre de Jesús, porque la instituyeron unos niños.
Animados por la fe un grupo de muchachos, algunos de tan sólo siete u ocho años, salían al principio de casa de una mujer que vivía en la calle San Sebastián, un hijo suyo estudiante era el que administraba la incipiente cofradía. En ambiente penitencial salían desde esta casa con una cruz y una imagen pequeñita.
De la casa de esta beata pasaron a la casa de Juan García, hijo de un porquero que vivía a la salida de la villa.
Después vendrá un peregrinar por diversos templos, hasta su emplazamiento en la iglesia de San Sebastián.
Sabemos, que antes estuvo algún tiempo en el Hospital de la Misericordia y de allí al convento de San Francisco, donde estuvo seis o siete años.
Según testimonios de los testigos tenemos noticia de que la Hermandad poseía una Regla en pergamino que se leía en los cabildos y estaba cosida a un libro grande de entrada de hermanos.
No sabemos si esta primigenia Regla tenía confirmación del ordinario, además se desconocía el paradero de la misma, pues se extravió de manera accidental cuando el mayordomo, Fernando de Avila, se fue huyendo de Marchena por deudas y dejó pocos papeles y bienes de la Cofradía.
Este proceso judicial ha permitido conocer los nombres de algunos hermanos en los primeros años de existencia de la Hermandad: Martín de Alcalá, Francisco de torres, Miguel Baltasar de Angulo, Francisco de Vega Brenes, Pedro Sánchez Arias, Juan García Benjumea, Juan Núñez Santaella, Martín Alonso de Benjumea, Baltasar Gutierrez, Fernando de Alcalá, Juan de Herrera, Juan Martín Escalera.
De singular importancia es el testimonio de Juan Núñez de Santaella, Presbítero, Rector de la Cofradía del Nombre de Jesús, que en defensa de sus intereses expone que no tiene fundamento la pretensión de la parte contraria con querer que la Cofradía se traslade a Santo Domingo, porque la cofradía se fundó hace muchos años con licencia del ordinario y después de fundada se confirmó
El Rector de la Hermandad expone también que en 1566, diez años después de que la cofradía estaba fundada, el Doctor Cevadilla, habiendo precedido su confirmación de provecho y utilidad, dio mandamiento para que edificase capilla propia en San Sebastián y que al presente tienen hecha a sus propias expensas a las espaldas de la iglesia y ponen en ella al Santísimo Sacramento.
También declara el Rector que la regla no la puede exhibir por haberse perdido con otros muchos papeles y así lo jura por Dios nuestro Señor.
Una vez acabadas las probanzas para las que compareció suficiente número de testigos por ambas partes y cumplidos los plazos y los trámites; el provisor de la archidiócesis zanjó la cuestión con un auto a favor de la cofradía del Nombre de Jesús.
Con fecha 9 de septiembre de 1593, el licenciado Iñigo de Leciñana, provisor del arzobispado de Sevilla, falló los autos de este proceso y declaró que el motu proprio de Pío V no comprendía a la
Hermandad del Nombre de Jesús y dio por libres a los cofrades de lo pedido por parte del convento de Santo Domingo.
El contencioso que enfrentó al convento de San Pedro Mártir de la Orden de Santo Domingo y a la Cofradía del Nombre de Jesús surgió en mayo de 1593, cuando siendo prior del convento fray Martín González, pretenden que la Cofradía del Nombre de Jesús establecida en la iglesia de San Sebastián se traslade al convento de Santo Domingo.
Los argumentos esgrimidos por la comunidad de frailes era que el origen y el principio de las cofradías del Nombre de Jesús, sus privilegios y gracias fueron cedidos y dados mediante la Orden del Señor Santo Domingo y por su contemplación para que dichas cofradías estén sitas y fundadas en los conventos de la Orden, para no perjudicar a lo dispuesto por la Bula de Su Santidad Pío V.
Las relaciones entre ambas partes estaban deterioradas y arrastraban ya diferencias. Como dato curioso al respecto,
Señalamos que en la Cuaresma de ese mismo año de 1593 estando los hermanos del Nombre de Jesús en Cabildo en la sacristía de la iglesia de San Sebastián, fueron allí algunos frailes dominicos a leer las gracias e indulgencias que ganarían si se mudaban al convento. En este incidente ambas partes se levantaron la voz. De la sacristía salieron los frailes mal parados y les dijeron cosas como estas:
“ a qué viene aquí un frailecillo con un librillo en la mano “, “ vayanse bellacos e infames a su casa “, “qué quieren estos burladores, piensan movernos destotra parte del cielo con sus persuasiones “
Leyendo este pleito se observa cierta rivalidad de los frailes con el clero secular, muchos de los cuales formaban parte de la Hermandad del Nombre de Jesús.
Creo por tanto, que el intento de que radique la cofradía en el convento era no sólo para las gracias y
privilegios, sino para reservar el derecho de predicación y celebración de cultos con las consecuentes prestaciones económicas.
Los testigos que aportan cada parte en sus diversas declaraciones nos aclaran algo más de los orígenes de la Hermandad y nos facilitan rica información sobre la fundación y primeros años de andadura de la Cofradía.
Podemos observar que en 1593 la Hermandad tenía una estructura suficientemente consolidada, y un
número importante de hermanos que se sienten depositarios de la memoria histórica de la misma, y desde luego, orgullosos de pertenecer a la corporación.
Este pleito es un documento importante de la Hermandad porque constituye una fuente de su historia.Gracias al pleito sabemos que a esta Cofradía se la conocía popularmente como Cofradía de los niños del Nombre de Jesús, porque la instituyeron unos niños.
Animados por la fe un grupo de muchachos, algunos de tan sólo siete u ocho años, salían al principio de casa de una mujer que vivía en la calle San Sebastián, un hijo suyo estudiante era el que administraba la incipiente cofradía. En ambiente penitencial salían desde esta casa con una cruz y una imagen pequeñita.
De la casa de esta beata pasaron a la casa de Juan García, hijo de un porquero que vivía a la salida de la villa.
Después vendrá un peregrinar por diversos templos, hasta su emplazamiento en la iglesia de San Sebastián.
Sabemos, que antes estuvo algún tiempo en el Hospital de la Misericordia y de allí al convento de San Francisco, donde estuvo seis o siete años.
Según testimonios de los testigos tenemos noticia de que la Hermandad poseía una Regla en pergamino que se leía en los cabildos y estaba cosida a un libro grande de entrada de hermanos.
No sabemos si esta primigenia Regla tenía confirmación del ordinario, además se desconocía el paradero de la misma, pues se extravió de manera accidental cuando el mayordomo, Fernando de Avila, se fue huyendo de Marchena por deudas y dejó pocos papeles y bienes de la Cofradía.
Este proceso judicial ha permitido conocer los nombres de algunos hermanos en los primeros años de existencia de la Hermandad: Martín de Alcalá, Francisco de torres, Miguel Baltasar de Angulo, Francisco de Vega Brenes, Pedro Sánchez Arias, Juan García Benjumea, Juan Núñez Santaella, Martín Alonso de Benjumea, Baltasar Gutierrez, Fernando de Alcalá, Juan de Herrera, Juan Martín Escalera.
De singular importancia es el testimonio de Juan Núñez de Santaella, Presbítero, Rector de la Cofradía del Nombre de Jesús, que en defensa de sus intereses expone que no tiene fundamento la pretensión de la parte contraria con querer que la Cofradía se traslade a Santo Domingo, porque la cofradía se fundó hace muchos años con licencia del ordinario y después de fundada se confirmó
El Rector de la Hermandad expone también que en 1566, diez años después de que la cofradía estaba fundada, el Doctor Cevadilla, habiendo precedido su confirmación de provecho y utilidad, dio mandamiento para que edificase capilla propia en San Sebastián y que al presente tienen hecha a sus propias expensas a las espaldas de la iglesia y ponen en ella al Santísimo Sacramento.
También declara el Rector que la regla no la puede exhibir por haberse perdido con otros muchos papeles y así lo jura por Dios nuestro Señor.
Una vez acabadas las probanzas para las que compareció suficiente número de testigos por ambas partes y cumplidos los plazos y los trámites; el provisor de la archidiócesis zanjó la cuestión con un auto a favor de la cofradía del Nombre de Jesús.
Con fecha 9 de septiembre de 1593, el licenciado Iñigo de Leciñana, provisor del arzobispado de Sevilla, falló los autos de este proceso y declaró que el motu proprio de Pío V no comprendía a la
Hermandad del Nombre de Jesús y dio por libres a los cofrades de lo pedido por parte del convento de Santo Domingo.
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