lunes, 1 de febrero de 2016

Algo de historia de nuestra Hermandad.


El presente de una Hermandad se mira en el espejo de
su historia. Historia llena de avatares que va formando
la mentalidad, vida e ilusiones de sus hermanos
Hoy, en este artículo, nos asomamos a la divulgación
del pasado, dando a conocer aspectos sobre la vida
religiosa de Marchena a finales del siglo XVI, y concretamente,
el Pleito que en el año 1593 enfrentó al
prior y convento de San Pedro Mártir con la Cofradía
del Nombre de Jesús.
Documentos que a través de su expediente nos revela
información sobre el desarrollo histórico de la
Hermandad del Dulce Nombre, así como las peculiaridades
y aspectos fundamentales de esta asociación
laica de fieles y organización interna. Documentos
custodiados en el Archivo General del Arzobispado de
Sevilla que nos dan hasta ahora las noticias más exactas
de la fundación de la Hermandad.
El contencioso que enfrentó al convento de San Pedro
Mártir de la Orden de Santo Domingo y a la Cofradía
del Nombre de Jesús surgió en mayo de 1593, cuando
siendo prior del convento fray Martín González, pretenden
que la Cofradía del Nombre de Jesús establecida
en la iglesia de San Sebastián se traslade al convento
de Santo Domingo.
Los argumentos esgrimidos por la comunidad de frailes
era que el origen y el principio de las cofradías del
Nombre de Jesús, sus privilegios y gracias fueron cedidos
y dados mediante la Orden del Señor Santo Domingo y por su contemplación para que dichas cofradías estén sitas y fundadas en los conventos de la Orden, para no perjudicar a lo dispuesto por la Bula de Su Santidad Pío V.
Las relaciones entre ambas partes estaban deterioradas
y arrastraban ya diferencias. Como dato curioso al respecto,
señalamos que en la Cuaresma de ese mismo año de 1593 estando los hermanos del Nombre de Jesús en Cabildo en la sacristía de la iglesia de San Sebastián, fueron allí algunos frailes dominicos a leer las gracias e indulgencias que ganarían si se
mudaban al convento. En este incidente ambas partes se levantaron la voz. De la sacristía salieron los
frailes mal parados y les dijeron cosas como estas:
“ a qué viene aquí un frailecillo con un librillo en la
mano “, “ vayanse bellacos e infames a su casa “, “
qué quieren estos burladores, piensan movernos destotra
parte del cielo con sus persuasiones “
Leyendo este pleito he observado cierta rivalidad de
los frailes con el clero secular, muchos de los cuales
formaban parte de la Hermandad del Nombre de Jesús.
Creo por tanto, que el intento de que radique la
cofradía en el convento era no sólo para las gracias y
privilegios, sino para reservar el derecho de predicación
y celebración de cultos con las consecuentes prestaciones
económicas.
Los testigos que aportan cada parte en sus diversas
declaraciones nos aclaran algo más de los orígenes de
la Hermandad y nos facilitan rica información sobre la
fundación y primeros años de andadura de la Cofradía.
Podemos observar que en 1593 la Hermandad tenía
una estructura suficientemente consolidada, y un
número importante de hermanos que se sienten depositarios
de la memoria histórica de la misma, y desde
luego, orgullosos de pertenecer a la corporación.
Este pleito es un documento importante de la
Hermandad porque constituye una fuente de su historia
.Gracias al pleito sabemos que a esta Cofradía se
la conocía popularmente como Cofradía de los niños
del Nombre de Jesús, porque la instituyeron unos
niños.
Animados por la fe un grupo de muchachos, algunos
de tan sólo siete u ocho años, salían al principio de casa
de una mujer que vivía en la calle San Sebastián, un
hijo suyo estudiante era el que administraba la incipiente
cofradía. En ambiente penitencial salían desde
esta casa con una cruz y una imagen pequeñita.
De la casa de esta beata pasaron a la casa de Juan
García, hijo de un porquero que vivía a la salida de la
villa.
Después vendrá un peregrinar por diversos templos,
hasta su emplazamiento en la iglesia de San Sebastián.
Sabemos, que antes estuvo algún tiempo en el Hospital
de la Misericordia y de allí al convento de San
Francisco, donde estuvo seis o siete años.
Según testimonios de los testigos tenemos noticia de
que la Hermandad poseía una Regla en pergamino que
se leía en los cabildos y estaba cosida a un libro grande
de entrada de hermanos.
No sabemos si esta primigenia Regla tenía confirmación
del ordinario, además se desconocía el paradero
de la misma, pues se extravió de manera accidental
cuando el mayordomo, Fernando de Avila, se fue
huyendo de Marchena por deudas y dejó pocos papeles
y bienes de la Cofradía.
Este proceso judicial ha permitido conocer los nombres
de algunos hermanos en los primeros años de existencia
de la Hermandad: Martín de Alcalá, Francisco
de torres, Miguel Baltasar de Angulo, Francisco de
Vega Brenes, Pedro Sánchez Arias, Juan García
Benjumea, Juan Núñez Santaella, Martín Alonso de
Benjumea, Baltasar Gutierrez, Fernando de Alcalá,
Juan de Herrera, Juan Martín Escalera.
De singular importancia es el testimonio de Juan
Núñez de Santaella, Presbítero, Rector de la Cofradía
del Nombre de Jesús, que en defensa de sus intereses
expone que no tiene fundamento la pretensión de la
parte contraria con querer que la Cofradía se traslade a
Santo Domingo, porque la cofradía se fundó hace
muchos años con licencia del ordinario y después de
fundada se confirmó
El Rector de la Hermandad expone también que en
1566, diez años después de que la cofradía estaba fundada,
el Doctor Cevadilla, habiendo precedido su confirmación
de provecho y utilidad, dio mandamiento
para que edificase capilla propia en San Sebastián y
que al presente tienen hecha a sus propias expensas a
las espaldas de la iglesia y ponen en ella al Santísimo
Sacramento.
También declara el Rector que la regla no la puede
exhibir por haberse perdido con otros muchos papeles
y así lo jura por Dios nuestro Señor.
Una vez acabadas las probanzas para las que compareció
suficiente número de testigos por ambas partes y cumplidos los plazos y los trámites; el provisor de la archidiócesis zanjó la
cuestión con un auto a favor de la cofradía del Nombre de Jesús.
Con fecha 9 de septiembre de 1593, el licenciado
Iñigo de Leciñana, provisor del arzobispado de Sevilla, falló los autos de este proceso y declaró que el motu proprio de Pío V no comprendía a la Hermandad del Nombre de Jesús y dio por libres a los cofrades de lo pedido por parte del convento de Santo Domingo.
En definitiva, encuentros y desencuentros entre la
cofradía y el convento, tensa relación entre los cofrades
y la comunidad, que tuvo sus más y sus menos.
A partir de un pleito entre dos instituciones se vislumbran
actitudes y mentalidades de personas. No se trata
de una cofradía impulsada por la comunidad de religiosos,
sino de una hermandad nacida de la devoción
popular y confirmada en una iglesia.
Podemos afirmar con rotundidad que las cofradías son
un vínculo de amistad con los hermanos y que el
mundo de las hermandades es una faceta esencial para
conocer la realidad social. Precisamente en nuestras
Hermandades y Cofradías encontramos el punto
común de la vivencia personal, familiar y parroquial
de la devoción. Ya que las cofradías ofrecen el marco
adecuado para que con sus campos de acción el cofrade
cumpla con la tradición, con la penitencia y el culto.
El pleito que hemos comentado puede suscribirse en
un contexto de relaciones sociales donde entra en
juego motivaciones de reafirmación de la pertenencia
a una Hermandad.
Es sorprendente el valor histórico de estos documentos.
Gracias a este pleito conocemos datos importantes
de la vida de la Hermandad penitencial del Dulce
Nombre de Jesús, una de las más antiguas de nuestra
localidad y con unas raíces de las que puede presumir.
Como cofrades no debemos olvidar que la historia se
escribe día a día, y en el continuo devenir de los acontecimientos.
Hoy como ayer la hermandad sale a la calle para proclamar su fe y proclamar a los cuatro
vientos que Dios existe.


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